viernes, 3 de abril de 2026

VIERNES “SANTO”

 

¡Claro que pasé miedos! Infantiles, con nueve-diez años. Como toda mi generación de chiquillería, quiero creer. Los católicos, “celebrábamos”, como hoy, el Viernes Santo; algo triste, entre negro y morado eclesiástico, como era la muerte, por crucifixión, de un tal Jesús, del que nunca se ha podido demostrar su existencia divina _incluso terrenal_; y menos, señalarlo como “como el enviado de Dios” _¿qué Dios?_ en este Planeta Tierra _precisamente_.

 

Y digo “celebrábamos” porque por aquel entonces, en aquel tiempo de franquistas vencedores _y otros interesados colaboradores_ yo era monaguillo dócil, cumplidor, creyente, útil (no tenía que ir a las faenas del campo agrícola conquense) en búsqueda de ganarme un beca, anual, asignada a una Parroquia, en un pueblo de la Alcarria, con la que salir a poder a estudiar y “labrarme un futuro” de cura, fraile, o tal. No había _o mis padres no encontraron otro camino_ para darle a su hijo mayor “estudios”, y ascender en la entonces controlada “escala social”. De ello, les estaré eternamente agradecido.

 

El Viernes Santo, a la misma hora poco más o menos, salía la Procesión del Santo Entierro, con los pasos de Jesús Yacente, en sepulcro de cristal, y la Virgen de la Soledad”. Miedo me daba, ya, en aquellos días, entrar en la iglesia. Más, pasar por delante, o tener que acercarme, a ese “sepulcro de cristal”; y ver, quisiera o no, aquellas expresiones faciales llenas de tristeza y horror de las imágenes, y otras cubiertas el rostro en señal de duelo. ¡Pánico! Pero me lo aguantaba. Llegar a la Ermita de San Sebastián, junto al Cementerio…; pasar con el sepulcro de cristal…, guardar silencio sepulcral…, era ya “el canguis total”.

 

Hoy, afortunadamente, ya no celebro aquellos cuentos, inventados para el sometimiento, que proporcionaban temor y paz social impuesta. Hoy celebro seguir vivo, y haber conocido la Historia documentada. Hoy, tampoco todo es perfecto. 

 

Y voy en búsqueda de pan. Y pasa una persona hombre, de cuando la juventud adolescente en otros “aires”. Te ve con su mirada hipócrita, y baja la cabeza a la altura tuya, para no tener que saludarte. Continúas, y te encuentras con el Vía Crucis Local, escaso de parroquianos devotos _deben de estar ejerciendo de turistas pobres_ . Sigo por calle histórica, cauce de riadas, estrecha, y “mi conocida” accede a su móvil para “disimular” y no tener que saludar ni un “hola”. A su altura, le suelto ¡HOLA! Como si nada: no se digna contestar. Compro el pan _ a precio de subida de Guerra en el Golfo de Omán_ y regreso a casa. El ex-enterrador de mi madre, me saluda. Va acicalado, guapo, relimpio, vestido de fiesta, sonriente. Me saluda amablemente e intercambiamos unas palabras. ¡Menos mal! Y me pongo a escribir.

 

El BRONCOGRIP va haciendo su efecto. Aquel miedo lo dejé atrás. Ahora, claro, tengo otros diferentes. No sé si, al fin y al cabo, esta vida terrenal es eso: sortear miedos. 

 

 

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